La publicidad es la gran herramienta de las marcas. Hoy en día estas buscan lograr el posicionamiento de sus productos en el mercado y conseguir una diferenciación del resto de competidores. Pero, aunque parezca muy moderno, esto es algo tan antiguo como la civilización, te lo explicamos.
Orígenes de la publicidad
En el antiguo Egipto, en el año 1000 a. C. se registraron los primeros indicios de anuncios. Los emperadores romanos también utilizaban los «carteles» para dar a conocer y comunicar a los ciudadanos sus hazañas, y el pregonero de las ciudades medievales tenía un precio para hacer anuncios de comercios o de profesionales.
Pero fue en el siglo XV, con la imprenta, cuando todo cambió. Aquí la publicidad se relacionó con la prensa, siendo una unión que duraría siglos, hasta la actualidad. En el siglo XVIII se tuvo consciencia de su importancia y su capacidad de influencia, y apareció en Francia el clásico hombre-anuncio.
En el XIX se escenificaban acciones para ofertar productos o marcas en los teatros, hasta que en el XX las publicidades y los anuncios llegaron a los mass media, la televisión y la radio, y se introdujeron después en Internet en los 90.
Diferentes formas de posicionamiento
Este pequeño y rápido repaso nos ha llevado por algunas de las fórmulas más clásicas de la publicidad. Por ejemplo, los anuncios que se representaban, las ficciones que se empleaban donde el público se sentía reconocido para que luego adquiriera algo. Y, por otro lado, el poder de la imagen, la cartelería, lo que justificaría directamente la relación que mantuvo y que mantiene con la prensa.
En conclusión, la publicidad ha estado ligada principalmente a dos elementos clave: la escritura y las ciudades. Y con la experiencia que tenemos como agencia de marketing y comunicación sabemos perfectamente que buena parte de sus condiciones iniciales siguen vigentes hoy en día.





